El overgrip es la cinta fina que se coloca sobre el grip original del mango de la pala. Parece un detalle pequeño, pero cambia la sensación de agarre, el grosor y cómo responde la mano cuando sudas. Si la pala se te gira al golpear o aprietas más de lo normal para sujetarla, merece la pena revisar esta pieza antes de culpar a la pala.
Grip y overgrip: qué cambia
El grip original cubre el puño y suele aportar más grosor y acolchado. El overgrip es más fino: va encima, recibe el desgaste directo de la mano y permite ajustar ligeramente el diámetro. Es la distinción que hace HEAD en su guía para palas de pádel. Si el grip base está deteriorado, añadir capas nuevas no lo arregla; conviene revisar también esa primera cinta.
Cómo elegirlo según tu mano
Si sudas mucho: empieza por un modelo que priorice absorción y observa cómo se comporta al final de un partido, cuando la mano está más húmeda. Algunos modelos microperforados buscan mejorar esa sensación, aunque no todos ofrecen la misma duración. HEAD aconseja valorar absorción y tacto, y recuerda que los perforados pueden durar menos que los lisos.
Si te molesta que la pala resbale con la mano seca: prueba un tacto más adherente. «Adherente» no significa mejor para todo el mundo: una superficie demasiado pegajosa puede resultar incómoda si prefieres cambiar la empuñadura con facilidad. Antes de comprar un paquete grande, prueba uno en tu pala habitual.
Si el mango te parece estrecho: un overgrip aumenta algo el grosor. Si solapas más cada vuelta, el resultado queda más grueso; con menos solape, más fino. No añadas capas indefinidamente: si pierdes sensibilidad o te cuesta cerrar la mano de manera cómoda, deshaz la última y compara. El objetivo es una sujeción segura sin tener que apretar con fuerza.
Cómo poner un overgrip sin arrugas
- Retira el overgrip gastado y comprueba que el grip base esté bien sujeto, limpio y seco.
- Empieza en la parte inferior del puño con el extremo estrecho. Sujétalo sin tensarlo en exceso.
- Sube en espiral manteniendo un solape regular. Revisa la primera vuelta: si se desplaza, vuelve a empezar.
- Al llegar arriba, corta el sobrante si hace falta y fija el extremo con la cinta de remate.
- Sujeta la pala como jugarías realmente y comprueba que no haya pliegues ni un abultamiento molesto.
La demostración de HEAD también propone colocarlo de abajo arriba y ajustar el solape según el grosor buscado. Si el resultado no te gusta, despega y repite antes de darlo por bueno: es una tarea sencilla que mejora con un par de intentos.
¿Cada cuánto hay que cambiarlo?
No hay un número universal de partidos. Influyen el sudor, el clima, el tiempo de juego y el material del overgrip. Cámbialo cuando pierda adherencia, se note resbaladizo, se deshilache, acumule suciedad o ya no resulte cómodo. HEAD sugiere guiarse por el tacto y la frecuencia de juego; quien juega mucho necesitará renovarlo antes. Evita convertir cualquier recomendación temporal en una norma rígida: el estado real del agarre manda.
Errores habituales
El primero es poner un overgrip nuevo encima de varios muy gastados. Aumenta el grosor sin resolver el material húmedo o suelto que queda debajo. El segundo es enrollarlo con solapes irregulares: deja zonas más gruesas que otras. El tercero es cambiar a la vez pala, grosor y tipo de cinta; entonces cuesta saber qué ajuste te funcionó.
Si estás comparando sensaciones de juego, nuestro artículo sobre pala de control o de potencia ayuda a separar la elección de la pala de algo tan fácil de corregir como el puño. Empieza por un overgrip que agarres con comodidad, juega un par de partidos y decide por sensaciones: que la pala no se mueva, que no debas apretar de más y que puedas cambiar la empuñadura con naturalidad.


